Declaración Pública: Dirigido a todos lxs detractores del taller de aborto realizado el pasado lunes 24 de junio en el salón Sazié de la Casa Central de la Universidad de Chile

Como grupo de estudiantes movilizadxs de la carrera de Derecho de la Universidad de Chile, nos hacemos parte activa del movimiento estudiantil que mantiene paralizadas no solo varias de las facultades que componen nuestra universidad, sino también más de 30 liceos que resistieron en toma a lo largo de todo el país bajo amenaza de desalojo y que se concretara finalmente durante la madrugada del jueves 27 de junio, con la excusa de permitir el desarrollo sin trabas de la democracia. Bajo dicho contexto político y el sentido de urgencia que permitía prever las consecuencias de dichas contradicciones, hemos querido contribuir al cronograma de actividades desarrollado por iniciativa de lxs propixs estudiantes, mediante el posicionamiento de una temática que poco tiene de nueva, aunque sí mucho de invisibilizada: el Aborto y dar así sentido a la circunstancia de habernos constituido como colectivo enfocado en la problematización de temáticas de sexo, género y sexualidad bajo la perspectiva del análisis de clase, que surgiera producto de nuestra propia auto-determinación política y que no obedece a la imposición de la agenda programática de partido político alguno.

El enfoque bajo el cual fue desarrollado el taller de aborto del pasado lunes 24 de junio no tuvo la pretensión de imponer a la audiencia la obligatoriedad de prácticas abortivas ante la constatación de un embarazo indeseado, sino la de difundir entre quienes lo ignoran el saber generado en base a conocimientos científicamente afianzados sobre los riesgos que entraña la práctica del aborto con el método de pastillas. El notable nivel de convocatoria que tuvo dicha sesión es señal inequívoca del interés que muchxs estudiantes tienen no solo sobre dicho tema en particular- y la esfera netamente práctica que abarca el mismo- sino sobre la necesidad de abrir nuevos espacios de problematización teórica en torno al aborto, que trasciendan la ya suficientemente difundida visión que reprocha en términos éticos a todas las mujeres que lo practican- aún cuando éstas no formen parte de ninguna de las iglesias que lo imponen- y que es refrendada mediante la penalización que del mismo reproche efectúa el derecho nacional, el cual es fuente y medida de todas las políticas públicas que se generan para abordar el problema desde las distintas instituciones del aparataje estatal (red de salud pública, aparatos policiales e instituciones carcelarias de modo preferente).

Una vez subsanadas las razones erróneas esgrimidas por los bloques opositores a la realización de dicha actividad, no podemos sino referirnos al fondo ideológico que sustenta dichas opiniones por parte de los mismos, quienes parecen valorar positivamente el pluralismo y la democracia, como principios rectores de la misión de la Universidad de Chile, a condición de que la crítica política que se gesta entre los estudiantes que la componen no afecte las bases económicas, sociales y culturales que permiten la hegemonía que históricamente dichos bloques han detentado y que es posible visualizar también en el propio ámbito universitario el cual, por cierto, no es ajeno a la realidad social al interior de la cual se inserta. Ejemplo de ello es que se nos haya pretendido vetar el tratamiento del aborto- aun en los términos previamente explicitados y que no abarcó en esta oportunidad la despenalización de la practica- por constituir la red de hospitales de la Universidad de Chile parte del sistema público de salud ¿acaso el problema dejaría de existir si se tratara de la red privada de salud, donde efectivamente quienes tienen el dinero suficiente y la información necesaria pueden evitar el problema del aborto mediante la compra de alguna de las distintas versiones de la píldora del día después, o acceder incluso a la práctica de un aborto propiamente tal? ¿Radicará acaso el verdadero problema en haber dado información a las personas que tienen acceso restringido a la misma y que por tener recursos económicos limitados deben atenderse a través la red pública de salud?

Nos parece de una hipocresía profunda que nuestros detractores no den cuenta completa del estado del problema del aborto en nuestra realidad actual- y que corre independientemente a la vigencia de su penalización- donde las mujeres con recursos económicos suficientes acceden a métodos abortivos no solo eludiendo su criminalización, sino también bajo condiciones sanitarias mucho mejores respecto de aquellas otras mujeres que pertenecen a los sectores más empobrecidos de la sociedad. Por lo tanto la práctica del aborto en Chile es un problema real donde la posibilidad de sobrevida de la mujer que lo practica depende casi exclusivamente de la clase social a la cual ésta pertenezca, lo cual hace del problema uno cuya resolución no solo compete a la ejecución de las políticas públicas por parte de los hospitales, sino que de la normativa legal que funda las directrices de aquellas.

Por otro lado, el análisis crítico de las posturas emanadas desde los grupos opositores permite detectar más allá de su postura explícita en torno al aborto, la homologación del alcance de tres conceptos sexualidad, placer, deseo. Esta construcción no es trivial por cuanto la principal consecuencia ética que importa radica en que el ejercicio de la sexualidad- al menos la de las mujeres, claro está- tiene por límite la reproducción, imponiendo un reproche moral por sobre toda mujer que elija y/o exteriorice una alternativa diferente. El ámbito que abarca esta alternativa sexual que no responde al mandato normativo de la reproducción y que se implanta externamente desde el sistema hacia las mujeres sometidas a su acción no se agotada por la sola posibilidad de practicar el aborto: se extiende también hacia el desarrollo de la actividad sexual motivada sólo por el placer que la misma produce a la mujer, sin que dicho placer deba ser re-conducido cuando la mujer decide no dirigirlo en forma monogámica hacia un hombre con fines de reproducción. Ahora bien, esta alternativa sexual puede también abarcar la maternidad y su ejercicio toda vez que la mujer tenga posibilidad de elegir en forma libre, consciente y empoderada de su propio cuerpo y todas las posibilidades libidinales que el mismo ofrece, sin operar como mera máquina de reproducción al servicio del capital. Por lo tanto, invisibilizar y reprimir todo el espectro de la sexualidad de la mujer no es sino uno de los elementos que han utilizado las iglesias como administradores y difusores eficientes del patriarcado que históricamente han contribuido a construir, y que se amolda actualmente al capitalismo imperante.

Finalmente, hemos valorado vuestro gesto de repudio no sólo mediante la crítica que desarrollamos conjuntamente a partir del mismo como construido sobre equívocas razones de forma y desde el amparo de una ideología cuyo poderío hegemónico ya no les molesta defender públicamente; sino también al habernos abstenido sistemáticamente de censurar vuestros comentarios vertidos en el sitio electrónico de la actividad que detonó el conflicto y que fuera realizada del pasado lunes 24 de junio.

Pero debemos decir que si valoramos vuestro gesto es, fundamentalmente, por dar cuenta efectiva y pública de la posición que ocupan dentro de la contradicción referida y que defenderán ante todo: capitalistas y patriarcales. Obligaba dicho acto a que tomásemos también- con igual publicidad- nuestra postura, pues ciertamente no será ésta nuestra única ocasión de conflicto.

COLECTIVO TIJERAS, cortando con el género

 

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